Dependencia emocional

Dependencia emocionalSi bien es “normal” que en una relación de pareja exista el sentimiento de querer estar con el otro, de contar con su apoyo y de saberse querido y valorado, algo que de alguna manera implica una cierta necesidad, hablamos de dependencia emocional cuando esta necesidad afectiva se convierte en extrema, en exagerada, provocando en el sujeto pensamientos obsesivos en torno a la pareja y sentimientos intensos de miedo al abandono (“porque sin ti no soy nada”) llevándole a comportamientos de sumisión que cree que le permitirán retener al ser querido, o mejor dicho, al ser necesitado porque las personas que sufren dependencia emocional no quieren a sus parejas sino que las necesitan. Este comportamiento de anulación personal y de sometimiento al otro acompaña a estas personas en todas y cada una de sus relaciones de pareja a lo largo de sus vidas. Es algo que se puede comparar a la adicción a una sustancia por los paralelismos existentes entre ambos trastornos, como la necesidad compulsiva de un “consumo” creciente tanto en cantidad como en tiempo, la reducción de la actividad social, laboral o recreativa debido a la “sustancia”, el consumo continuado a pesar de ser consciente de que causa problemas o el síndrome de abstinencia.

Para hablar de dependencia emocional cabe poner énfasis en el término “afectiva” ya que éste es el que la diferencia de la dependencia instrumental o la necesidad del otro por interés –como podría ser el económico— o por el sentimiento de indefensión crónico, la falta de autonomía y la necesidad de protección que pueden sufrir algunas personas en la vida cotidiana, aquella necesidad de tener siempre a alguien al lado –no necesariamente ha de ser una pareja–, para enfrentarse al mundo y que le solucione los problemas, que no implica un componente afectivo y que, puestos a poner etiquetas, se podría tipificar como trastorno de la personalidad por dependencia.

La persona que sufre dependencia emocional suele tener pareja desde la adolescencia y procura estar siempre con alguien, de manera que tras una ruptura, algo que vive de manera catastrófica, intenta reanudar la relación por perjudicial que haya sido, o busca inmediatamente otra persona que cubra su necesidad imperiosa de tener pareja, encadenando relación tras relación y buscando siempre un perfil determinado de persona, el cual idealiza, y que suele estar caracterizado por la soberbia, el egocentrismo, la personalidad dominante, narcisista, que necesita del halago de los demás…, algo que le lleva a una nueva relación desequilibrada donde, a medida que pasa el tiempo, tanto la posición dominante se incrementa como la autoestima del dependiente desciende, y con ell aumentando la necesidad del otro.

Es una situación que se mantiene debido a que como que no hay dependiente emocional sin dominante emocional, y por lo tanto, tampoco hay dominante emocional sin dependiente,  el primero tampoco hace nada para impedirlo ya que la dinámica también satisface su necesidad egocéntrica, adquiriendo éste último una conducta de dependencia emocional dominante donde la pauta de interacción es la dominación, el menosprecio y la explotación. El dependiente dominante necesita de la otra persona tanto como la desprecia, para satisfacer su necesidad afectiva, una conducta que se suele manifestar en forma de desconfianza, celos, posesividad, hostilidad, violencia explícita verbal e incluso física que en muchos casos va más allá de la ruptura de la pareja y en ocasiones con trágicos desenlaces. En este sentido, cabe dejar claro que en todas las relaciones de malos tratos existe dependencia emocional pero que no todos los casos de dependencia emocional van acompañados necesariamente de malos tratos.

Los estudios dicen que la dependencia emocional tiene su origen en la confluencia de cuatro factores: biológicos, socioculturales, la carencia afectiva en la niñez y la focalización externa de las fuentes de autoestima del sujeto, teniendo muy en cuenta que hablo de la confluencia de todos ellos y no de la existencia de uno solo, y sobre todo que estos factores no son una losa que cae sobre el individuo que no puede hacer nada, sino que su interacción con el medio y su reacción ante los acontecimientos vitales contribuirán al desarrollo o no del problema.

Los factores biológicos hacen referencia a una posible influencia genética, a la pertenencia a uno y otro sexo y a la existencia de trastornos ansioso-depresivos causantes de una perenne baja autoestima.

Los factores socioculturales influyentes son, por un lado las diferencias de género y de rol que, por mucho que nos pese, se siguen asignando a cada uno en la sociedad, y así, mientras que al hombre se le asigna y por lo tanto se le educa en un rol más individualista, agresivo, competitivo y con cierto desarraigo afectivo, a la mujer se le otorga y se le educa en un rol más comprensivo, moderado, afectivo, con tendencia al cuidado y al sacrificio. Por otro lado, los modelos de pareja que siguen vigentes en nuestra sociedad siguen creando estereotipos que influyen en el comportamiento como por ejemplo el prejuicio de que la mujer está más interesada en la pareja que el hombre y por lo tanto “tiene que cazarlo” y casarse, o la idea de que el hombre está más interesado en el sexo y que huye del compromiso. Estos dos factores explicarían que sigan siendo las mujeres las que presentan mayor índice de dependencia emocional.

Las carencias afectivas y relaciones insatisfactorias en la niñez acompañadas en muchos casos de negligencias, descuidos, abandonos e incluso, malos tratos,  son las que crean en el individuo la idea de que sus personas significativas no tienen que quererle y por lo tanto no sólo no le extrañará que alguien próximo le falte al respeto, le humille, le someta o maltrate, porque ya aprendió que no era digno de cariño, sino que se encontrará cómodo con ellas porque son su referente de figura de apego y por lo tanto son el tipo de persona que busca desde pequeño y con las que reproduce una y otra vez todo tipo de estrategias para agradar y ser querido. Dicho de otra manera, la persona que sufre dependencia emocional se pasa la vida buscando agradar al padre/madre que no le quiso buscando otras personas que tampoco le quieran.

Por último, la focalización externa de las fuentes de autoestima está muy relacionada con el factor anterior ya que la importancia que tiene para la creación de nuestro autoconcepto y autoestima la opinión que tengan sobre nosotros nuestras figuras de apego en la infancia y adolescencia va a marcar la importancia que en el futuro le demos a la opinión del resto de personas que nos rodean y cómo nos comportaremos para agradarles. Las personas que sufren dependencia emocional suelen haber tenido una infancia llena de reproches y descalificaciones en la que se desvivían por agradar a sus padres, actitud que siguen adoptando ante aquellas personas a las que quieren gustar y, en general, con todo el mundo.

Las personas que sufren dependencia emocional no suelen acudir a terapia conscientes de esta etiqueta clasificatoria sino que lo hacen por estar sufriendo un cuadro ansioso-depresivo a raíz de una ruptura sentimental, sintiéndose hundidos desde entonces e incapaces de retomar su vida. Durante el análisis inicial del motivo de consulta es cuando toman consciencia de que no se trata de un problema puntual sino de algo que han venido arrastrando toda su vida. A partir de ahí, la terapia va dirigida no sólo a que desaparezcan los síntomas sino a que la persona tome las riendas de su vida y no tropiece más veces con la misma piedra.

Javier Hinojosa | Psicólogo

Javier Hinojosa | Psicólogo

Javier Hinojosa es Pscólogo Psicoterapeuta
Colegiado en el COPC con el número 21.144
Especialista en Terapia de pareja
Consulta: http://www.psicologomataro.com

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