La adivinación del pensamiento

distorsiones-cognitivas-descalificacion

Si cuando alguien dice algo o se comporta de una determinada forma tuviéramos el tiempo suficiente para analizar su significado, si pudiéramos tener el tiempo suficiente para aclarar qué ha querido decir o cuál era el propósito del comportamiento que ha tenido esa persona, sería más fácil que acertáramos ante ese hecho y que nuestra reacción ante esa situación fuese más adaptativa. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones no tenemos tiempo de meditar para deducir los pensamientos y sentimientos reales del otro sino que actuamos en base a una interpretación rápida de las palabras o de las conductas de acuerdo a nuestro sistema de códigos. 

Todos tenemos un sistema de códigos que hemos ido creando desde el principio de nuestra vida, llenándolo de significantes y significados mediante la observación y la experiencia, de manera que más allá de simplemente escuchar una frase o ver un comportamiento (significante), atribuimos una intención (significado) al tono de voz de las personas, al lenguaje, a la expresión facial, a los gestos, a las conductas… Este sistema de códigos, una mezcla de creencias, suposiciones, reglas, prejuicios y fórmulas, es el que nos permite que por el contexto (antecedentes, situación, relación, etc.) atribuyamos automáticamente un significado a lo sucedido y que nos lleve a una conclusión. Es curioso cómo de repente, creemos conocer los motivos, los pensamientos y los sentimientos de otra persona y confiamos más en nuestras propias elucubraciones que lo que los hechos demuestran. Pero es que tiene cierta lógica ¿no?: Como que no podemos acceder directamente a esos pensamientos y sentimientos, los inferimos mediante lo que podemos observar, dando por hechos lo que son simples conjeturas basadas en lo que en ese momento son, para nosotros, pruebas.

La ventaja de este sistema de códigos es que al proporcionarnos una explicación inmediata de lo sucedido, actuamos rápidamente en consecuencia; su desventaja, que la explicación pueda estar equivocada, ya que, dependiendo de cómo hayamos construido nuestro sistema de códigos y de nuestro estado emocional en el momento del suceso, podríamos interpretar un olvido como una falta de interés, una mirada como una provocación, una distracción como un rechazo, un silencio como un enfado, una palabra como una agresión… y a pensar, sentir y actuar en consecuencia.

El problema de una interpretación errónea de “las señales” tiene dos vertientes: la interpersonal (la que afecta a nuestra relación con esa otra persona) y la intrapersonal (la que afecta a nuestro propio pensamiento, emoción y conducta). Así, mientras que en el plano interpersonal, una interpretación errónea de las señales nos puede llevar a una respuesta inadecuada que seguramente cambiará la dinámica de la relación, en el plano intrapersonal nos puede llevar a desarrollar autoconceptos negativos que minen nuestra autoestima y nuestras futuras reacciones ante frases o situaciones parecidas.

El caso es que, si no tenemos una buena autoestima y autoconfianza, empezaremos a construir explicaciones basadas en exagerar lo negativo, en generalizar las situaciones, en pensar de manera polarizada (todo o nada), extremista, catastrófica o derrotista, a poner etiquetas negativas o a tomar cualquier situación como algo personal, de manera que, a la larga, seremos nosotros mismos quienes nos autocastiguemos o que a fuerza de reaccionar erróneamente con los demás, estropeemos nuestras relaciones.

Así que si en tus interacciones con otras personas te asaltan estos pensamientos automáticos negativos, antes de actuar, pregunta.

javierJavier Hinojosa es Pscólogo Psicoterapeuta
Colegiado en el COPC con el número 21.144
Consulta: http://www.psicologomataro.com

Javier Hinojosa | Psicólogo

Javier Hinojosa | Psicólogo

Javier Hinojosa es Pscólogo Psicoterapeuta
Colegiado en el COPC con el número 21.144
Especialista en Terapia de pareja
Consulta: http://www.psicologomataro.com