La relación entre la comida y las emociones

imagesNuestros hábitos constituyen una parte muy importante de nuestra forma de alimentarnos y  cuando nuestro cerebro empieza a solicitarnos cosas, el cuerpo le sigue el juego de manera muy rápida.

 

Fíjate, por ejemplo, en lo que pasa esos días en que estamos especialmente ansiosos o deprimidos. Cuando estamos ansiosos, nuestro corazón va más rápido, nuestros músculos están en tensión, nuestro cerebro trabaja más deprisa… Tómate un momento para pensar en la cantidad de energía que precisa nuestro cuerpo para mantener esa ansiedad… Efectivamente, el cuerpo necesita mucha energía para mantener ese estado de activación. Si pasas por un periodo de ansiedad especialmente prolongado, ese consumo continuado de energía será también prolongado y el cerebro reclamará al cuerpo que nuevos aportes de energía que le ayuden a recargar las “baterías”. ¿De dónde sacamos normalmente la energía para seguir funcionando? Vuelves a tener razón: de la comida.

Supongamos el otro caso. Supongamos que estamos deprimidos. Cuando estamos tristes, nos encontramos abatidos, lentos, sin esperanza, parece que tiempo transcurre más lento que otros días… ¿Qué le pasa a nuestra energía esos días/semanas/meses? ¡Bien visto! : no tenemos suficiente energía para el funcionamiento cotidiano. Cuando tu cerebro reclama más energía, tu cuerpo decide lo único que puede decidir: buscar esa energía. ¿Y de dónde la puede conseguir? Claro, de la comida. Y en ambos casos, no de cualquier comida, sino de aquella que la evolución nos ha enseñado que podemos sacar más energía: les los hidratos de carbono y de las grasas. ¿Verdad que cuando estamos ansiosos/deprimidos y nos llenamos de comida no lo hacemos a base de ensaladas ni de batidos de apio?

Como vemos, tanto si estamos deprimidos como si estamos ansiosos, la esencia de nuestra relación con la comida es la misma: el cerebro necesita comer. Por ello, si nos forzamos a seguir una dieta durante nuestros periodos de ansiedad/tristeza, lo que estamos haciendo es boicotear las necesidades de nuestro cerebro. Le estamos exigiendo a nuestro cerebro que deje de intentar sobrevivir. Obviamente, nuestro cerebro (igual que el resto de nuestro cuerpo) no lleva nada bien que se le impongan cosas que van contra su propia supervivencia, así que nos devuelve el boicot en forma de otro boicot: el sentimiento de culpa. Luchamos contra necesidades intentando imponer nuestra voluntad, no lo conseguimos y el resultado es que, además, nos sentimos culpables por no haberlo conseguido. Esa culpabilidad nos genera más ansiedad y nos devuelve al bucle.

Hasta tal punto es importante este dominio de la mente sobre el cuerpo que sólo hay que pensar en los trastornos de la alimentación -como la anorexia o la bulimia-, en los que el cerebro convence al cuerpo de que su apariencia subjetiva es más importante que la supervivencia misma. De alguna manera es como si convenciésemos a nuestra moto de que no necesita la gasolina para funcionar.

Es por esa razón que no conseguimos los resultados deseados cuando, bajo nuestro incremento de peso, se esconde una base emocional.

A menudo hay que buscar las soluciones donde están, no donde creemos que están…

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Dr. Josep Mª Bertran.
UTIDA Centre Psicològic i Nutricional
Avda. Prat de la Riba nª4, 2n-3ª 43001 Tarragona
Tel: 692559500
Email: utida.psicologia@gmail.com
Web: www.centroutida.com

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