Me han crecido los enanos

adolescentesLa adolescencia es la etapa de transición entre la niñez y la edad adulta en la que el adolescente se dedica a encontrar su propia identidad y autonomía. Esto supone que ha de comenzar a separarse de las figuras paternas, algo que no es sencillo porque aunque ya no es un niño, tampoco es un adulto, una situación que le lleva a un conflicto interno entre la dependencia que aún tiene de sus padres y el deseo de independencia, una lucha interna que se suele expresar en forma de conflictos, especialmente con los padres. Cuestiones que antes no suponían un problema como el uso del teléfono o del ordenador, los estudios, la hora de llegada a casa, la apariencia física, el manejo del dinero, etc. se convierten, durante la adolescencia, en el origen de discusiones y enfrentamientos familiares.

Este cambio de actitud desconcierta a los padres ya que les genera un sentimiento lógico de inseguridad y porque se dan cuenta de que las estrategias que utilizaban antes con él para resolver los conflictos, ahora ya no sirven… y es que es complicado encontrar un equilibrio entre mantener el control y la autoridad sobre el adolescente al mismo tiempo que se le concede, progresivamente –y es necesario hacerlo– mayor confianza y responsabilidad.

Si bien es cierto que la mayoría de adolescentes supera sin problemas ese periodo tan conflictivo del desarrollo humano y que un cierto grado de conflicto intergeneracional es necesario para la reafirmación de su personalidad, existe una parte de ellos que se enfrentan a los cambios físicos, emocionales y cognitivos de una manera que puede llegar a ser motivo de conflictos con su entorno y con ellos mismos.

En el aspecto físico:

Al llegar a la adolescencia, la apariencia física se convierte en su tarjeta de presentación, de manera que ser juzgado y sobre todo, ser rechazado por los demás, se convierte en una de las cosas más temidas. Por un lado, el hecho de que todo el cuerpo no se desarrolla al mismo tiempo puede llevar a percepciones distorsionadas sobre su aspecto e incluso a problemas de coordinación que les puede hacer sentir torpes; por otro lado, las diferencias en el tiempo de maduración de unos y otros pueden dar lugar a preocupaciones: los que tardan más en cambiar (especialmente los niños) pueden sentirse inferiores a otros compañeros; por su parte, el desarrollo avanzado de las niñas puede dar lugar a que se sientan presionadas a entrar en situaciones para las que no están preparadas ni emocional, ni mentalmente. Asimismo, las comparaciones entre ellos y con sus ídolos les pueden hacer sentir demasiado altos, bajos, delgados o gordos con los problemas de autoestima que pueden conllevar.

En el aspecto emocional:

No se trata solamente de que estén experimentando cambios hormonales, que también, sino que, a partir de esta edad, los niños, que si bien antes no se preocupaban por sí mismos o por su futuro, comienzan a pensar en ello. Durante este periodo es habitual que se centren mucho en sí mismos creyendo que nadie les comprende o que todo les sucede a ellos. Son habituales los períodos de aislamiento en su habitación, de cierta melancolía…

Los cambios emocionales brucos, la expresión exagerada de las emociones y la cierta inconsistencia de su comportamiento son habituales. Se alternan los comportamientos de niño (reclamando cariño y atención de sus padres) con los de adulto (“dejadme que ya no soy un niño”). Cambia la forma de expresar el afecto hacia la familia de manera que lo que antes eran besos y abrazos se convierten ahora en un simple “hola” acompañado de un leve movimiento de la cabeza.

En el aspecto cognitivo:

Comienzan a razonar, a tener diferentes puntos de vista, a considerar las consecuencias de los actos y a reflexionar sobre lo que pudiera ser y no es. Ppensar en quienes son y en quienes les gustaría forma parte del proceso de formación de su identidad, lo que provoca sus experimentos de explorar diferentes identidades, su confusión, su reafirmación desafiando a los padres y en algunos casos, por eso de encontrarse en ese limbo identitario, a un desajuste entre lo que dicen ser sus ideas y sus comportamientos.

Señales de alarma:

Aunque un cierto grado de rebeldía no sólo es considerado normal, sino incluso saludable y necesario, conviene estar atento a las señales de alerta (habitualmente se produce más de una), que pueden indicar que el adolescente está teniendo dificultades en superar esta etapa:

  • Excesiva preocupación por la imagen corporal, especialmente si se observa un cambio brusco de la dieta o en su relación con la alimentación.
  • Excesivo aislamiento y falta de comunicación. Retraimiento, reclusión y descenso de las relaciones sociales. Reducción de actividades. Tristeza.
  • Pérdida de interés por las actividades cotidianas.
  • Muchas horas frente al ordenador, la televisión o el teléfono móvil en detrimento de los estudios, las relaciones sociales y/o familiares.
  • Deterioro de la imagen personal, evitación de los hábitos básicos de higiene personal, excentricidad (excesiva) en el vestir.
  • Cambio muy marcado del rendimiento escolar. Faltas en la escuela. Mal comportamiento en la escuela.
  • Cambio muy marcado en los hábitos de sueño (acostarse o levantarse muy tarde).
  • Incapacidad para concentrarse o prestar atención continuada.
  • Frecuentas quejas físicas como dolores de cabeza o de barriga.
  • Dificultad para enfrentarse a situaciones diarias.
  • Preocupaciones excesivas.
  • Indiferencia ante problemas importantes como la relación con los padres o el deterioro de su rendimiento académico.
  • Humor negativo, irónico y sarcástico como forma habitual de respuesta.
  • Oposición a la autoridad que va más allá de una simple discusión, con estallidos frecuentes de ira, respuestas inadecuadas, enfrentamientos, portazos, golpes o incluso agresiones.
  • Consumo de tabaco, alcohol u otras drogas.
  • Comportamientos sexuales no acordes con la edad.
  • Amenazas de escaparse.
  • Amenazas de dañarse o dañar a otros.
  • Conductas delictivas (robos, vandalismo, pandillerismo).

El problema de estas conductas no es sólo que hacen complicada la relación con el adolescente y que crean conflictos familiares (habitualmente también discusiones entre los padres), sino que si no se corrigen pueden complicar su desarrollo y su preparación para la edad adulta en la que se pueden encontrar con situaciones de desadaptación social y problemas psicológicos más graves. Así pues, si se detectan, es conveniente que padres y educadores pongan los medios para intentar reconducirlas.

Una visita a tiempo al psicólogo puede ser gran ayuda.

javierJavier Hinojosa es Pscólogo Psicoterapeuta
Colegiado en el COPC con el número 21.144
Consulta: http://www.psicologomataro.com

 

Javier Hinojosa | Psicólogo

Javier Hinojosa | Psicólogo

Javier Hinojosa es Pscólogo Psicoterapeuta
Colegiado en el COPC con el número 21.144
Especialista en Terapia de pareja
Consulta: http://www.psicologomataro.com