Terapia Breve Centrada en Soluciones

Terapia Breve Centrada en SolucionesA diferencia de los enfoques psicoterapéuticos centrados en conocer la profundidad del problema que trae al cliente a la consulta (inconsciente, infancia, etc.) y que, como consecuencia dedican gran parte del proceso terapéutico a su análisis y a leer entre líneas buscando un origen sobre el que actuar, la Terapia Breve Centrada en Soluciones (TBCS) se focaliza en precisamente lo contrario, esto es en las soluciones. Mientras que en aquellas se trata de reducir el problema, en la TBCS se intentan aumentar los espacios no problemáticos que a lo largo del proceso terapéutico ocuparán paulatinamente el espacio antes ocupado por el problema, haciéndolo desaparecer.

En la TBCS, como en la Terapia Breve Estratégica (TBE), no es necesario hacer un diagnóstico ni ahondar mucho en la historia del problema, incluso a veces, ni siquiera es importante hablar de él, sino de la solución, en conseguir que el cliente defina y consiga el objetivo de cambio que quiere alcanzar, en alcanzar ese futuro que quiere tener, sea cual sea el motivo que originó el problema. De hecho, se considera que problema y solución son categorías discontinuas de manera que, sea cual sea su origen, para un mismo problema las soluciones pueden ser distintas o que para distintos problemas la solución puede ser la misma; por lo tanto, el primer paso de la psicoterapia consiste en determinar los objetivos que quiere alcanzar el cliente, siendo el terapeuta no una autoridad a la que seguir, sino un facilitador del proceso.

En segundo lugar, como que la TBCS parte del supuesto de que el cliente tiene recursos (soluciones) para alcanzarlos y que lo que sucede es que en ese momento no los tiene presentes o no ve que puedan ser aplicables, la terapia va dirigida a elicitarlos mediante la conversación, bien sea en sí mismo, bien sea en su sistema relacional (red social, familiar, académica, profesional…, de aquí el carácter sistémico de esta psicoterapia), y a encontrar excepciones (momentos o situaciones en que se espera que se dé el problema y éste no se da y las cosas van bien o “menos mal”) y otras situaciones donde esos recursos le sirvieron para superar otros problemas o alcanzar otros objetivos, para movilizarlos en la situación actual, algo que no sólo le permite ver al cliente que dispone de recursos para hacerlo, sino que además tiene el control para hacerlo.

Una vez que el cliente tiene claro su objetivo y reconoce que tiene recursos y se atribuye la capacidad de utilizarlos para conseguirlo, se trata de extender dichas soluciones al problema, o no necesariamente al problema, sino tal vez a otras áreas de su vida que le puedan estar impidiendo alcanzar ese objetivo, ya que desde la TBCS se espera que al principio sea suficiente con introducir un pequeño cambio en la situación de la que quiere salir el cliente ya que se espera que ese pequeño cambio que provocará en el sistema actue como detonante de otros cambios mayores. A partir de aquí, la evaluación continua del progreso hacia su objetivo por parte del propio cliente y la introducción de los cambios necesarios en la estrategia de actuación –aquí es donde entra en juego la TBE, con la que mantiene una estrecha relación- constituyen el resto del trabajo terapéutico, constituyéndose la psicoterapia en una serie de conversaciones en las que se habla de lo que va bien o de lo que se puede mejorar, hasta que el cliente da por alcanzado su objetivo y satisfecha su demanda,

De este carácter negociado, de este juego del lenguaje utilizado en la TBCS se puede deducir, que al igual que en la Terapia Breve Estratégica, su corte constructivista radical presupone que no existe una realidad verdadera y ni siquiera una didáctica psicológica o unas “buenas prácticas” que seguir dictadas por el terapeuta para solucionar los problemas, sino que es el cliente quien, con su ayuda, define los objetivos que quiere alcanzar, moviliza sus propios recursos para hacerlo, asume el control del cambio y lo lleva a cabo, construyendo una nueva propia realidad más funcional.

A pesar de que la TBCS pueda parecer sencilla, no lo es tanto ya que, en la práctica, por un lado, pervive un componente cultural que sigue definiendo el espacio terapéutico como un lugar donde ventilar los sentimientos negativos, lamentarse de un pasado doloroso y donde encontrar una especie de guía espiritual que predispone al cliente a ello, y por otro, que la cantidad de espacio que ocupa el problema en la mente del cliente suele ser tan grande que hace que resulte difícil ayudarle a salir de su queja y que comience a pensar en lo que hace “bien”. No obstante, cuando el cliente se desbloquea, esto se consigue y comienza a hablar sobre lo que quiere y no sobre lo que no quiere, el espacio terapéutico se convierte en un lugar de crecimiento personal para el individuo y el número de sesiones necesarias para conseguir el objetivo, desciende considerablemente.

Al igual que la TBE, la TBCS es aplicable tanto a problemas individuales como de pareja o familiares y aplicable tanto a contextos clínicos como a entornos sociales, educativos o empresariales.

Javier Hinojosa | Psicólogo

Javier Hinojosa | Psicólogo

Javier Hinojosa es Pscólogo Psicoterapeuta
Colegiado en el COPC con el número 21.144
Especialista en Terapia de pareja
Consulta: http://www.psicologomataro.com

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