Vacaciones y pareja

parejavacacionesSi bien para la mayoría de las parejas, las vacaciones de verano suponen un espacio de reencuentro, de diversión, de disfrutar de un tiempo de calidad el uno con el otro, y esto es algo que siempre fortalece la relación,  para otras se convierten en una época en la que aumentan las discusiones y los conflictos, de tal modo que algunas llegan a replantearse el seguir juntos. Pero no es que el verano genere problemas sino que los conflictos latentes en la relación salen a la luz por diferentes motivos:

Se pasa más tiempo juntos y por lo tanto:

  • Se habla más. S bien durante el año, la rutina diaria del trabajo, los niños (si los hay), el llevar la casa para adelante, ocupan tanto a las parejas, que no tienen tiempo, o no quieren buscarlo, para hablar sobre sus desavenencias en el momento en que se dan, creen que con lo que hablan ya es suficiente para comunicarse, durante las vacaciones, pasar todo el día juntos propicia el dialogo, y eso es bueno, el problema es que si no se ha practicado durante el resto del año, para algunos puede resultar difícil expresarse con la asertividad necesaria y convertirse en la ocasión para “explotar” por todos los asuntos pendientes.
  • Se analiza más la relación. Por los mismos motivos, el día a día del año lectivo hace que pasen inadvertidos aquellos defectos o carencias generales que existen en la relación. Tener más tiempo libre permite dar un repaso a la relación que en ocasiones puede llevar a conclusiones desagradables.
  • No se respetan los espacios de individualidad que, aun estando en vacaciones son imprescindibles para una buena relación. Estar permanentemente juntos puede llevar al “agobio”.

Se da más relación con las familias de origen. En ocasiones se pasan algunos días con la familia de origen de uno o del otro, lo cual, si no se han solucionado antes, puede dar lugar al resurgimiento de viejos conflictos con los padres, hermanos, suegros o  cuñados.

Se cambia la rutina. El hecho de decidir el horario de despertarse o de realizar las comidas, el lugar al que irán hoy, qué actividades se harán, el grado de “libertad” de los hijos, etc. se convierten en peligrosas “chispas” que pueden hacer explotar el polvorín.

Se gasta más dinero. Si ya de por sí, la gestión de la economía puede ser siempre una fuente de problemas en una pareja. La tendencia a permitirse más caprichos durante las vacaciones incrementa las posibilidades.

Se pasa más tiempo con los hijos.  Al margen de que puede ir en detrimento de la siempre tan necesaria intimidad de la pareja, estar todo el día pendientes de los hijos puede provocar que se incrementen las posibilidades de conflicto.

Se idealizan las vacaciones. Las ganas de hacer vacaciones puede provocar la sensación de que serán maravillosas poniendo las expectativas de felicidad muy altas, de manera que cualquier contratiempo o simplemente, la rutina en la que también pueden acabar las vacaciones, puede decepcionar.

Se conciben las vacaciones como terapia cuando la pareja está en crisis. Algunas parejas intentan solucionar su crisis con unas vacaciones cuando en realidad no van a arreglar una relación que ya no funciona y lo que están haciendo es trasladar el problema de ubicación.

En algunos casos la mujer no tiene vacaciones. Aunque es cierto que este hecho se da cada vez menos, el hecho de hacer las vacaciones en apartamentos o campings, puede provocar, si el reparto de tareas en el hogar no está claro, que la mujer siga manteniendo el rol de ama de casa, cosa que si ya es pesada durante el resto del año, imaginémonos en vacaciones.

Los desencuentros y discusiones que pueden surgir a raíz de estas circunstancias, unidos a la idea de que son más graves porque se producen en una época donde se supone que deberían ser felices porque están de vacaciones, crean la sensación de que la pareja se ha hundido definitivamente y entonces pueden pasar dos cosas: o bien los más “quemados” inician el proceso de divorcio al acabar las vacaciones de verano (según el CGPJ en los últimos años, durante el cuarto trimestre se registra aproximadamente el 33% de los divorcios de todo el año y también se incrementan inmediatamente después de Navidad y Semana Santa), o se instaura en la pareja una dinámica de malestar y discusiones que, de no poner remedio, acabará destruyéndola en cualquier otro momento.

Pero que no cunda el pánico porque, como decía al principio, esto no es así para todas las parejas sino para aquellas que durante el resto del año no practican el dialogo sobre su relación, no se comunican y/o que no contemplan en su relación los espacios de intimidad e individualidad, ya que si las habilidades necesarias para resolver con éxito los problemas y conflictos cotidianos no se han practicado durante todo el año, en vacaciones es imposible improvisar. Sin embargo, si una pareja dedica durante todo el año y regularmente, tiempo a hablar sobre ellos, su relación, los problemas que vayan apareciendo y todo lo que les rodea (hijos, familia, trabajo, roles y reparto de tareas, economía, intereses, amistades, emociones, proyectos, tiempo libre,…), si tienen claro que la pareja la forman dos personas que necesitan flexibilidad, individualidad, intimidad, respeto y cariño, seguramente llegarán a las vacaciones limpios de conflictos que las enturbie y entonces sí, las vacaciones se convierten en un espacio para descansar, divertirse y desconectar y, como consecuencia, para reforzar la relación.

En todo caso, si una pareja ha pasado por unas vacaciones conflictivas, no es conveniente precipitarse y lanzarse en cuanto se llega a casa, el uno de septiembre y con el “calentón” del momento, a poner en marcha una demanda de divorcio porque existen fórmulas para solucionar algo que en el fondo es un problema de comunicación y que, seguramente funciona bien en otros aspectos. Dejar pasar unos días para reflexionar y hablar con calma de la situación y/o pedir ayuda a un psicólogo especialista en terapia de pareja puede ayudar a recomponer la dinámica relacional de manera que la relación durante el año sea fluida y las próximas vacaciones sí que sean realmente un espacio para disfrutar el uno del otro.

Javier Hinojosa | Psicólogo

Javier Hinojosa | Psicólogo

Javier Hinojosa es Pscólogo Psicoterapeuta
Colegiado en el COPC con el número 21.144
Especialista en Terapia de pareja
Consulta: http://www.psicologomataro.com

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